Enrique tenía un libro secreto e intentó hacerlo volar, pero no lo consiguió.
Uno de los libros que volaban con aquella mujer bajó del cielo, saludó al señor, y lo llevó consigo a una mansión antigua. Allí, Enrique, encontró una biblioteca llena de libros.
A la mañana siguiente vio un libro muy viejo. El libro le habló a Enrique.
- Por favor, señor, no me encuentro bien, ayúdame.
El señor intentó arreglarlo y cada vez era peor. Las hojas del libro se caían y la portada se deshacía.
Enrique leyó las páginas y en una frase ponía: este libro fue creado por Enrique.
Fue entonces cuando se dio cuenta de que ese era su libro secreto y de que era el mismo que lo había llevado volando hasta allí.
Enrique se despertó en el hotel y recordó lo hermosa que estaba su mujer volando por el cielo con aquellos libros.
Fin
Micro inspirado en el maravilloso cortometraje

Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminar
ResponderEliminar¡Qué maravilloso viaje onírico y poético nos regala Sam Yera en Los Libros Voladores! Con una narrativa aparentemente sencilla pero cargada de simbolismo, el autor teje una historia que celebra el poder de los libros, la nostalgia y la conexión íntima entre creador y creación.
El tornado, como fuerza transformadora, no destruye, sino que transporta a Enrique a un mundo donde lo imposible—libros que hablan, vuelan y guían—se vuelve tangible. La mujer voladora, casi etérea, parece representar la inspiración misma, esa musa que lleva las historias como un regalo del cielo. Y el libro que pide ayuda... ¡qué metáfora tan conmovedora! Es como si Sam Yera nos recordara que las historias que escribimos (o leemos) son extensiones de nosotros mismos: frágiles, vulnerables, pero eternas en su esencia.
El giro final, donde Enrique descubre que el libro anciano es su *obra secreta*, es brillante. Nos hace preguntarnos: ¿cuántas veces nuestras propias creaciones nos rescatan sin que lo sepamos? ¿Cuántas veces los libros nos devuelven a casa, como ese hotel que era a la vez realidad y refugio?
Sam Yera demuestra con este cuento que la magia no está en lo grandioso, sino en los detalles: en el susurro de un libro, en el gris de un bosque encantado, en el amor por las palabras que, al final, siempre nos llevan de vuelta a quienes somos. **Una joya literaria que, como los libros de su historia, merece volar muy alto**.
¡Bravo, Sam Yera! 👏📖✨